ALAS VOLANTES DE LOS HORTEN
(De ‘La ley y el genio’, por Pablo Edronkin.
Material extraído de Internet, Octubre 2007)


“La Historia es el auténtico juez que determina si algo es correcto o no, aún en el caso de quienes quebrantan la ley, diseñan armas o aviones de combate, como los hermanos Horten. Finalizada la Primera Guerra Mundial el Tratado de Versalles impuso una serie de restricciones draconianas a Alemania, incluyendo la imposibilidad de que sus ciudadanos pudieran aprender a volar en aviones propulsados por motor. Por esta razón muchos jóvenes alemanes de aquel entonces aprendieron a volar en planeadores.
Entre esos jóvenes se encontraban tres hermanos de apellido Horten, quienes además de dedicarse al vuelo a vela empezaron a diseñar sus propias aeronaves alrededor de 1930, sobre un precepto que habían constatado: “una aeronave ideal, sin fuselaje ni empenaje de cola, es decir un ala pura, vuela mucho mejor y con menos resistencia”. A partir de esta idea diseñaron unos planeadores que eran virtualmente alas volantes, con los que ganaron muchos premios y competiciones.
Al comenzar la Segunda Guerra Mundial uno de los tres hermanos cayó en combate. Los otros dos continuaron sirviendo en las filas de la Luftwaffe alemana, como pilotos de combate. Mientras uno de ellos ocupó un puesto en la burocracia de Berlín como inspector de aeronaves, el otro continuó con sus planes y diseños. Gracias al puesto en Berlín obtuvieron información ultra secreta sobre prácticamente todos los proyectos aeronáuticos del Tercer Reich.
Lograron crear un Sonderkommando, unidad especial secreta que recibía fondos, útiles y personal, aunque no había sido autorizada por ningún funcionario. Continuaron con su idea: un avión de caza a reacción que sería un ala volante propulsada por las nuevas turbinas que estaban desarrollando los científicos e ingenieros alemanes.
Cuando la Luftwaffe en los años finales de la contienda estuvo suficientemente necesitada de nuevos aviones para interceptar a los bombarderos aliados presentaron su idea al mismísimo Hermann Goering, quien les pidió que terminaran el proyecto y empezaran la construcción en serie de sus alas volantes. Para ello les asignó un importante presupuesto y más material.
Para fines de 1944 el ala volante birreactor de 9 toneladas de los Horten había empezado sus pruebas de vuelo, y rápidamente probó ser superior a cualquier otro avión en existencia en aquella época. Lamentablemente para los hermanos Horten, el único prototipo existente quedó destruido en un accidente a comienzos de 1945, y ya no hubo tiempo de construir otro antes de la rendición alemana. Sin embargo, después continuaron sus exitosas carreras como diseñadores aeronáuticos en la Argentina y en los estados Unidos, desarrollando aún más prototipos ganadores de premios y competencias.
Quienes ven alguna fotografía de prototipo de caza de combate que desarrollaron los hermanos Horten, muchas veces no creen que se trata de un modelo de 1944 y piensan que todo es un truco fotográfico de algo desarrollado entre 1990 y 2000, al que se le ha pintado en las alas la Balkenkreutz germana, pero no es así. El ala volante voló hace décadas por primeras vez, y muchas de las ideas aplicadas en los aviones de alta perfomance y en diseños que aún están en desarrollo, se deben a los hermanos Horten.
Hay que tener en cuenta que obtener fondos y recursos para la investigación y el desarrollo es difícil en la más iluminada y democrática de las sociedades, así que utilizar la burocracia como lo hicieron los Horten en pos de la ciencia en un regimen que los habría mandado fusilar si ello se descubría, merece el mayor de los respetos. Esto prueba algo muy importante: la historia de estos hermanos que han quedado casi en el anonimato merece contarse, porque puede servir de ejemplo. Las grandes ideas no pertenecen a las ideologías.
En diversos campos de la actividad humana, quienes tienen esas ideas suelen encontrar la manera de circunvolar a la burocracia, si es necesario. Los genios tiene el derecho innato, en la práctica, de violar la ley si es necesario, con el objeto de desarrollar las ideas que los pequeños burócratas que las aplican no pueden siquiera comprender, pues escapan al acotado universo que se han creado con sus sellos y formularios, y trascienden la capacidad de su intelecto”.

Reimar Horten nació en Bonn, Alemania, el 12 de marzo de 1915. Fue introducido en la Aeronáutica por su hermano Walter (28 meses mayor) quien a los 16 años construyó el ‘Ho 1’, planeador monoplaza sin fuselaje, con estructura de madera y entelado. El éxito de la experiencia posibilitó realizar el ‘Ho 2’ en 1934, que al año siguiente fue motorizado con un HM 602 de 80 h.p. Para 1938 ambos hermanos construyeron el ‘Ho 3’ con sección central de tubos de acero soldados, y las secciones externas con la tradicional estructura de madera forrada con tela. Al comenzar 1939 los famosos constructores Ernest Heimwell y Willy Messerchmitt quisieron incorporarlos a sus respectivas empresas, pero los Horten comprendieron que de aceptar perderían la independencia en el desarrollo de sus alas volantes y no aceptaron.
Comenzada la II Guerra Mundial el Ministerio de Aviación alemán, a través del Destacamento Especial 9 establecido en Gottinhem les dio la oportunidad que esperaban, y allá construyeron el ‘Ho 4’, planeador con bimotor, cuya particularidad era que el piloto lo conducía en posición pronna, introduciendo su cuerpo totalmente en el perfil de la nave. Desde 1943, con altibajos en la producción de otro modelo que estaba equipado con dos motores Argus AS 10C de 240 h.p. cada uno, denominado ‘Ho 7’, Walter y Reimar Horten, sin autorización oficial proyectaron su primer Ala Volante con propulsión a reacción: el ‘Ho 9’. Para esta experiencia inédita solamente pudieron disponer de motores BMW Ohumo. El desarrollo de los 20 modelos de pre-producción con asesoramiento de los Horten fue autorizado oficialmente Gotaerth Wagon Fabrik, donde le adjudicaron el Código GO-229.
Correspondiendo a una propuesta oficial de trabajo los hermanos Horten se trasladaron a nuestro país en 1948, pero dos años más tarde Walter decidió regresar a su patria. Reimar, en cambio, ya ubicado en la Fábrica Militar Argentina y con la colaboración de personal técnico argentino construyó los modelos ‘IA-34a’ (‘Clen-Antú’, biplaza), ‘IA-34M’ (‘Clen-Antú’, planeador monoplaza), ‘IA-37’ (Ala Delta supersónico, para combate), ‘IA-38’ (Ala Volante cuatrimotor, para transporte), ‘IA-41L’ (‘Urubú’, planeador biplaza) y el ‘IA-48’ (Ala Delta, bimotor, para combate).
El fallecimiento del doctor ingeniero Reimar Horten se produjo el 21 de agosto de 1993 en Villa General Belgrano, Córdoba.
El primer planeador que Reiman Horten construyó para el Club ‘Cóndor’ de Córdoba fue un Ala Volante biplaza – el ‘IAe-34’ (HO-Xva) ‘Clen-Antú’ (significa ‘Rayo de sol’), cuya primera unidad voló por primera vez el 20 de junio de 1949 piloteada por Edmundo Weiss. También se pensó en una unidad motorizada con una hélice plegable en la parte trasera, y un motor de 20 a 30 h.p. que desarrollaría una velocidad máxima de 160 k/hora. El motor y el combustible se ubicarían en el lugar que ocupaba el asiento trasero. El ‘IAe-34M’ era una versión monoplaza construida a pedido del brigadier Ojeda, para representar a la Argentina en el Mundial de Vuelo a Vela en España ’52. Las dos aeronaves construidas a tal efecto no obtuvieron buenos resultados debido al poco entrenamiento que poseían los pilotos al momento de viajar a la sede del Mundial.
El ‘IA-41 ‘Urubú’ fue un planeador biplaza en configuración lado a lado, diseñado por Reimar Horten a pedido de los clubes de volovelismo. Se empezó a construir en 1951 y los primeros vuelos comenzaron en el 53. Como en el ‘IAe-34’, también se proyectó una versión motorizada, con una hélice plegable de empuje y un motor con potencia de 30 a 50 h.p.. Su mayor logro fue el cruce de la cordillera de los Andes: ‘San Carlos de Bariloche-Pasaje Ensenada-San Carlos de Bariloche’. Uno de los ‘IA-41’ construido, se conserva en el Museo Nacional de Aeronáutica, ciudad de Morón.

Uno de los proyectos más ambiciosos y más alentadores para nuestra industria nacional, fue el ‘IA-37’ que si bien no pudo ser finalizado por motivos políticos, marcó el nivel tecnológico de la Argentina por esos años. ‘IA-37’: Reimar Horten ideó este caza-delta con una flecha de 60º para evitar las temperaturas elevadas que se producen por las ondas de choque en vuelos supersónicos. Además la fórmula Delta facilitaría la maniobrabilidad a baja velocidad. Cabe destacar que para el diseño del ‘IA-37’ Horten trabajó con uno de sus ex compañeros y amigos, el Dr. Carl Nickel. Para comprobar la aerodinámica Horten, Scheidahuer y el Dr. Nickel arrastraron un modelo a escala a través del Lago San Roque en Villa Carlos Paz.
Para 1952 Reimar trabajaba en los dibujos del ‘IA-37’ basándose en los resultados de las pruebas de agua. En el verano de 1953 un nuevo túnel de viento construido en el Instituto Aerotécnico estaba listo, y Reymar construyó un modelo a escala, para tener una idea del flujo de aire en torno al fuselaje. De esta manera se descubrió un remolino paralelo al eje de nariz, cuyo diámetro aumentaba con la incidencia. Así se definió el tamaño y ubicación del timón, alerones y frenos aerodinámicos, se tomaron fotos de las ondas de compresión y del flujo de aire sobre el modelo.
Con toda la información de las prunas de agua y en el túnel del viento disponible, Reimar estaba listo para construir el planeador de madera a escala real. Este modelo llevaba al piloto en posición pronna, o sea casi acostado. En 1954 en el ‘IA-37p’ (‘p’ quiere decir planeador) fue remolcado por primera vez para su vuelo inicial por un Hunkers 52/3M. Los pilotos del ‘IA-37’ en toda su historia fueron, en forma alternativa el capitán Doyle, los tenientes primeros González, Rossel, Balado y Scheidahuer. En estos vuelos se observó que el avión aterrizaba fácilmente con actitud de nariz levantada de 25 a 30 grados, lo que los indujo a instalar una rueda de proa alta, que le dio ese perfil característico.
Los vuelos del ‘IA-37p’ se hicieron continuos, y la experiencia que ellos aportaron provocó la construcción del primer prototipo motorizado con una turbina RR Derwens V. Esta motorización no permitía velocidades superiores a Match 1 pero se podían solucionar problemas en cuanto a maniobrabilidad, aterrizaje y despegue. Asimismo se definiría el diseño del tren de aterrizaje para el prototipo motorizado, que se pensaba terminar en 1956. El golpe de estado de 1955 – derrocamiento del general Juan Domingo Perón – retrasó el proyecto, que se reactivaría con la llegada del Dr. Arturo Frondizi a la presidencia (1958-1962). Para ese momento el planeador incorporaba cabina en posición ‘seat’, ya que el interior estaba preparado para alojar un solo motor. Se propuso dejar al ‘IA-37’ como entrenador y un desarrollo del mismo como caza supersónico. Este diseño denominado ‘IA-48’ adoptaba la fórmula Delta Gótico U Ojival, que se ensayó con éxito en el planeador. El fuselaje se afinaba hacia la popa, poseería dos turbinas RR Avon que aseguraban una velocidad de Match 2,2.
Otro adelanto para la época era el mecanismo de orientación del flujo que fuera implementado debido al requerimiento de la Armada Argentina, para operar en el portaviones ARA ‘Independencia’, que no tenía posibilidades de catapultar reactores. Este dispositivo era un deflector que cayendo por detrás podía desviar los gases de la turbina hasta unos 45º hacia abajo. En el transcurso de 1960 con el ‘IA-37’ construyéndose e iniciado el ‘IA-48’ llegó la hora de suspender el proyecto por falta de fondos. En una entrevista realizada por David Myra a Reimar Horten, éste ve como una tragedia que ni el ‘IA-37’ ni el ‘IA-48’ estuvieran disponibles en 1982 para la Guerra de Malvinas.

“Reimar Horten, junto a su hermano Walter, y a Alexander Lippisch formaron la élite de los magos de las Alas Volantes” - ha afirmado Julián Verón, investigador e historiador sobre temas aeronáuticos.