AQUELLAS CONSTRUCCIONES...

- Estimado Francisco, te pido que me cuentes sobre aquellos primeros tiempos del ‘Otto Ballod’, sobre todo de aquel tramo de su historia en el que se construyeron varios aparatos, empezando por el Grunau 9 o ‘Primario’ – le pedí a mi amigo Francisco Mario Reynoso, veterano piloto de aviones y planeadores quien con 84 años de edad sigue en su taller reparando maquinarias e implementos, y hasta inventando alguna herramienta de diseño propio. Me invita a compartir unos mates y comienza así el relato del segmento histórico que le acabo de pedir:

- “Cuando llegué al club, en el año 1935, había ya un ‘Primario’, mejor dicho era el único aparato con que contaban los fundadores de la institución. Aunque no presencié su construcción, sé que era el segundo aparato de este tipo que se había construido aquí, porque el primero quedó destruido en el vuelo de prueba, por la irresponsabilidad de un aventurero de apellido Greco que llegó entre 1932 y 1933.
Dos o tres años después yo llegaba desde el campo donde trabajaba y me acercaba al grupo que había iniciado las actividades, pero desde algún lugar en el que no llamara la atención, tal era mi timidez, y de eso algo me ha quedado para siempre en la vida. Me incorporé realmente cuando Dany (Dekker) me invitó, me dijo que podía participar, o sea ayudar a que los sueños de volar se hicieran realidad.
Poco después se empezó a construir el ‘Grunau 9’, es decir el que llamamos comúnmente ‘Primario’. En el verano entre 1940 y 1941 hice un vuelo con el ‘Primario’ que pudo ser récord nacional para ese modelo: crucé sobre el pueblo y seguí rumbo noreste, casi sin desviar la mirada del flamante variómetro que había inventado mi amigo Hugo Giménez, porque señalaba que estaba ascendiendo a razón de 10 metros por segundo. Cuando pasé sobre el matadero municipal estaba a 700 metros de altura, seguí virando hasta que quedé fuera de la térmica y prolongué el vuelo ya en pérdida y aterricé en un campo que pertenecía a ‘La Vencedora’, prestigiosa casa comercial de la época, a casi 25 kilómetros de distancia.
Después del ‘Primario’ se construyeron dos aparatos voladores que llamamos ‘Casel’, y el cuarto fue un ‘Mezcla’, llamado así porque Dany Dekker y sus colaboradores (entre ellos los hermanos Pusineri) lo armaron con partes de la estructura del ‘Primario’ y otros de ensayo. Pero el ‘Mezcla’ nunca anduvo bien, no respondía a los comandos, y se procedió a desarmarlo definitivamente para evitar problemas mayores.
En realidad se construyeron dos ‘Grunau 9’ en el taller del club, pero uno de ellos se vendió hace muchos años. Creo que no ha de existir porque no hemos recibido información sobre sus andanzas, ni sabemos que esté expuesto en algún museo. Yo tuve la suerte de volar con el que quedó en el club. Pasaron muchos años y fue reconstruido totalmente por Dany Dekker en 1977; Hugo Giménez y yo entre otros ayudábamos, y fue muy grande la emoción cuando el aparato voló nuevamente después de cuarenta y tantos años. Siempre confían en mí para armarlo y ofrecer demostraciones al público. Ese ‘Primario’ se construyó en el galponcito que alquilaba el club en calle Lavalle casi esquina Maipú, donde ahora está el ‘Shopping Chaves’.

Más o menos por aquella misma época se compró un ‘Grunau Baby’, y por primera vez vimos algo que nos parecía imposible: que ese aparato pudiera mantenerse prendido de un avión remolcador, tal como se hizo el traslado desde Buenos Aires ¡Fue otro motivo de grato recuerdo! Era un planeador rudimentario, con cabina abierta y un parabrisas muy chiquito. Creo que no estaba registrado, es decir no tenía matrícula. Esto se explica porque el vuelo sin motor era una actividad muy nueva en nuestro país, y los primeros clubes empezaron con mucho más entusiasmo que recursos y formalidades.
Nuestro recordado ‘Pinche’ Dori hizo con el ‘Grunau Baby’ el primer vuelo de importancia para esa época (verano 1943-1944), partiendo desde Gonzales Chaves y llegando a Chasicó, partido de Tornquist, cubriendo 230 kilómetros. Otros pilotos realizaron vuelos interesantes en ese aparato, entre ellos nuestro amigo Hugo Giménez.
En un galponcito que pertenecía a don Manuel Villar (calle Juan Eliçagaray al 40, aproximadamente) se construyó aquí otro ‘Grunau Baby’, al que bautizamos ‘Carricart’, en homenaje a don Fernando Carricart quien por varios años prestó el campo de su propiedad (muy cerquita de Gonzales Chaves en dirección a Tres Arroyos) para que se realizaran los vuelos ¡contando con el auto Buick del club! Por lo general el ‘Grunau’ recorría algunos centenares de metros a muy baja altura... y aterrizaba sin variantes de importancia. En la construcción del ‘Carricart’ trabajaron varios amigos, siempre con ‘Dany’ al frente. Nos juntábamos todas las noches en el taller, aunque no era obligación, pero alimentábamos el entusiasmo por ver realizar cosas o contribuir para que se realizaran.

Creo que fue ‘Pinche’ Dori el que hizo el vuelo de prueba. Ocurre que ‘Pinche’ empezó a volar acá, pero poco tiempo después empezó a viajar a Buenos Aires, siguió estudiando y aprendiendo con importantes instructores, y traía sus conocimientos teóricos que lamentablemente aprovechábamos muy poco (al menos así me pasaba) porque confiábamos más en las prácticas. Ahora lo lamento porque sé que Dori aprendió mucho. Su trayectoria como piloto y como instructor así lo demostraron.
Se construyó otro Grunau Baby al que registramos con la matrícula ‘DVI’. Ese aparato se hizo en otro taller – porque hicimos varias mudanzas – en el galpón que existía en calle Maipú esquina Juan Eliçagaray, donde ahora está el edificio de Telefónica de Argentina. En ese taller se realizaron varios trabajos de reparación, inclusive de planeadores que traían desde otros clubes.
Entre 1946 y 1948 se construyó el planeador ‘Meise’. Ya estaba Eugenio Delmastro, un hombre que había venido del sur, era ferroviario y prestaba servicios en la estación Vásquez. Dany le vio muy buenas condiciones como carpintero y fue contratado como carpintero rentado del Otto Ballod. Solía venir desde Vásquez con Ramón Goñi (quien también fue piloto del club) en el tren de pasajeros, que al llegar frente al campo de don Fernando Carricart aminoraba la marcha, y se bajaban los pasajeros voladores.
En ese tiempo también estaban un italiano muy inteligente de apellido Casali, Mario Degiorgi, Félix Hetch, Tello de Meneses, entre otros. Yo colaboré haciendo algunos herrajes en el taller de don Lino Solfa, a quien consideré siempre un genio para los trabajos en hierro: construyó con diseño una herramienta que llamamos ‘calisuar’, que se usaba para la toma de alas ¡Era realmente un hombre admirable en su oficio, verdaderamente un adelantado!

El ‘Meise’ (totalmente de madera) fue construido en el taller de Maipú y Juan Eliçagaray. Se trabajó sobre planos que habían venido de Alemania, y las referencias estaban en Alemán ¿cómo hicimos para entender algo de todo eso?... Dany recurrió a don Federico Koheler, el inolvidable placero, diseñador de parques y forestaciones, quien era alemán y colaboró gentilmente en las traducciones. Don Ernesto Vigneras,
instructor de Aeronáutica que de vez en cuando venía a Gonzales Chaves, fue el primero en volar en el ‘Meise’.
Te cuento de paso que el taller también estuvo en Sarmiento y Lavalle, donde después de estar la confitería ‘Ideal’ se estableció la Agencia Ford. Los del club ocupábamos un sector del amplio edificio, y en un rinconcito armé mi taller de chapa y pintura, aceptando con entusiasmo la invitación que Dany Dekker me hizo en ese sentido.
El club presentó al ‘Meise’ en la primera exposición argentina de Aeronáutica, que se realizó en 1948 en el subsuelo de la avenida 9 de Julio, ciudad de Buenos Aires. Se lució junto al ‘Meise’ aún sin entelar que presentó el club Cóndor. Fue motivo de legítimo orgullo para todos nosotros. Se realizaron vuelos interesantes, por ejemplo Roberto Vilches voló hasta Las Flores, completando 250 kilómetros. Después de muchos años el ‘Meise’ se vendió al club de planeadores de Cañuelas.
En relación al ‘Ala Volante’ puedo contarte menos, porque participé menos en su construcción. Me parece que se empezó en 1954 y quedó lista para volar en 1955, trabajando en el taller de Maipú esquina Eliçagaray. Ocurre que el proyectista alemán Reimar Horten había ofrecido planos de sus prototipos a varios clubes de nuestro país, pero no aceptaron. Dany y su gente dijeron que sí y empezó el trabajo. Ya no estaba Delmastro (quien se radicó en Punta Alta) Se contó con la capacidad técnica de un carpintero llamado Francisco Fernández, proveniente del sur, quien fue principal responsable. También le ayudaron eficazmente Roberto Vilches y Félix Hecht.
El diseñador alemán Reimar Horten vino a Gonzales Chaves, cuando tendría más o menos 55 años. Fue un momento muy importante para la historia del club, pero tal vez no se lo destacó como lo merecía. Recuerdo que en cierto momento que llegué al club lo vi tendido debajo de la estructura, totalmente concentrado en el diseño y en la instalación de los comandos del Ala Volante Estuvo muy poco entre nosotros.
Me parece que los primeros remolques del ‘Ala Volante’ se hicieron con el auto Buick del club, pero enseguida se siguió con aviones. Anduvo muy bien y el manejo es muy simple, como en cualquier otro planeador. Se voló mucho, aunque no se destacó como gran velero pero – eso sí – era muy novedoso. Ibamos a otras partes para participar de actividades de vuelo, y siempre causaba gran admiración.
Para corregir algún problemita que limitaba la maniobrabilidad, se decidió llevar el ‘Ala Volante’ a la Fábrica Militar de Córdoba. Yo iba a cargo del remolcador Stearmann, y a bordo del ‘Ala Volante’ iba nuestro visitante Heinz Scheidahuer (el mismo que al comando del Ala Volante Horten 3 ‘Urubú’ en 1956 cruzó la cordillera juntamente con nuestro ‘Pinche’ Dori, quien pilotaba un planeador ‘Sky 34). Calculábamos llegar en la tarde, pero al pasar sobre Pehuajó pudimos observar que se estaba realizando un festival aeronáutico, y Scheidahuer ‘cortó’ y se incorporó al festival. De más está decirte que el Ala Volante causó admiración, y como se hizo tarde pudimos llegar hasta La Cruz, reanudamos el viaje en la mañana siguiente y llegamos a Córdoba sin otras novedades.
Después... puedo decirte que las generaciones de pilotos que nos siguieron en el club la fueron relegando, y el Ala Volante comenzó a deteriorarse. El deterioro se produjo en tantos años de ser guardada y trasladada cuando se necesitaba el lugar que ocupaba, es decir en el hangar y no en vuelo. Estoy en conocimiento de que se está trabajando en la restauración de esta ‘Ala Volante’, y eso me alegra muchísimo. Es una reliquia que podrán apreciar la presente generación y las que vengan”.