CESAR H. LAPERNE NOS CUENTA...
Conversamos con César Harvey Laperne, estimado vecino dedicado desde hace muchos años a las artes gráficas orientadas hacia la publicidad comercial, vinculado desde su adolescencia al Aeroclub Gonzales Chaves y al Club de planeadores Otto Ballod. Tratándose de la actividad aeronáutica y de la histórica época en la que se construyeron varios planeadores en nuestro medio, hace un paréntesis en sus tareas y responde generosamente a nuestras preguntas:
- ¿Nos podés contar aunque sea a grandes rasgos tu trayectoria como piloto?
- “Con todo gusto. Nací en De la Garma, alterné entre mi hogar (en establecimientos de don Juan Berducq donde mis padres trabajaron durante muchos años, además en San José tuvo su campo de operaciones el Otto Ballod en aquellos primeros años) y en casa de familiares que estaban en Chillar. Después me trasladé a Buenos Aires donde trabajé durante cinco años, pero volvía periódicamente y cumplí con un curso de pilotaje. Recuerdo que el 1 de enero de 1948 hice mi primer vuelo de práctica. Algunos años después hice el curso de pilotaje de avión. También cumplí un curso de capacitación en el Club Albatros, que estaba en Merlo, y en 1955 me convertí en Instructor. Como piloto comercial trabajé aproximadamente durante 30 años en el ámbito del Aeroclub local realizando rociados aéreos en toda la zona, así es que fue muy reconfortante poder seguir volando, y así alternaba cada año con mis ocupaciones habituales en las artes gráficas.
Recuerdo claramente que en el galpón que forma parte del edificio donde estuvo Confitería ‘Ideal’ (Sarmiento y Lavalle) y después la Agencia Ford, bajo la dirección del señor Francisco Fernández (carpintero de la Dirección General de Aeronáutica) se construyó el ‘Meise’, planeador de madera que fue muy útil y apreciado. Todos los pilotos nos sentíamos felices de volar en él. Después el taller del club se trasladó al salón que estaba en Maipú y Juan Eliçagaray (donde actualmente está la sede de Telefónica de Argentina). Allí se armó el ‘Tootor’ y se construyó el ‘Ala Volante’. El ‘Tootor’ es un planeador biplaza que se utilizó en el Otto Ballod para realizar los cursos de pilotaje. Todas sus partes fueron compradas en Europa y traídas en barco, aquí se armó y se puso en vuelo. En mi carácter de Instructor lo usé mucho y puedo decirte que más de treinta de mis alumnos experimentaron con el ‘Tootor’, que después se vendió y está en Punta Alta. Según me han dicho todavía vuela.
El carpintero oficial Francisco Fernández siguió con el ‘Ala Volante’ en medio de creciente expectativa. Eramos varios los pilotos que nos reuníamos cada noche y cada fin de semana, para ayudar de alguna manera: por ahí alguno lijaba, otro alcanzaba herramientas, otro ayudaba a mover partes y también nos alternábamos para cebar mates. Para la supervisación final vinieron el Dr. Reimar Horten (autor del proyecto) y Heinz Scheidahuer (piloto de pruebas) procedentes de la fábrica estatal de aviones que había en Córdoba”.
- ¿Qué podés contarnos sobre Horten y Scheidahuer?
- “Ambos eran alemanes, hombres de pocas palabras, rápidos en sus decisiones. Sabíamos muy poco sobre la historia de Horten y su teoría sobre las aeronaves que diseñaba sin cola, tanto en su país como en Estados Unidos y en la Argentina. En Córdoba construyó un modelo al que dotó de cuatro motores, pero al poco tiempo fue desmantelado pues no tenía aplicación práctica, además necesitaba mucho espacio y atención. Horten estuvo aquí poco más de un día y recuerdo que alcanzamos a estrechar su mano cuando fue presentado a la gente del Otto, revisó, hizo algunas observaciones y después se retiró al hotel hasta el momento de su partida.
De Scheidahuer te puedo decir que tampoco habló mucho y nada dijo sobre un grave accidente que había protagonizado pocos días antes sobre el río de la Plata, y nosotros nos enteramos por las crónicas periodísticas. Resulta que volaba en avión Fiat desde Córdoba a Buenos Aires, acompañado por un mecánico. Estando ya muy cerca del Aeroparque el motor se plantó y el avión cayó al río. Scheidahuer fue salvado pero el mecánico murió. Reitero que sobre este episodio nada dijo en absoluto. Era así el alemán, muy reservado. Después vino a presenciar algunos campeonato nacionales.
El ‘Ala Volante’ es planeador de manejo muy fácil, muy atrayente por su forma y por la elegancia de sus desplazamientos. Volé mucho y concurrí con esa aeronave que ahora se está restaurando a varios festivales aéreos: Coronel Pringles, Laprida, Lobería, Necochea, Bahía Blanca y otros centros, y en todos causó sensación. Siempre fue remolcado por aviones, y para ese operativo teníamos un Fleet y ya estaba el Stearmann. El ‘Ala Volante’ es un planeador que no tiene rendimiento, por lo que no se usó para competencias. En esa época todavía estaban los ‘Baby’ (con parecido handicap) y el ‘Meise’ que era claramente superior. Cuando el club adquirió planeadores más modernos los lapsos de descanso fueron cada vez más largos para el ‘Ala Volante’, pero ahora que se está restaurando y muy pronto se pondrá en vuelo puedo decirte que es un hecho auspicioso, sobre todo en los aspectos histórico y cultural”.
- ¿Nos podés contar aunque sea a grandes rasgos tu trayectoria como piloto?
- “Con todo gusto. Nací en De la Garma, alterné entre mi hogar (en establecimientos de don Juan Berducq donde mis padres trabajaron durante muchos años, además en San José tuvo su campo de operaciones el Otto Ballod en aquellos primeros años) y en casa de familiares que estaban en Chillar. Después me trasladé a Buenos Aires donde trabajé durante cinco años, pero volvía periódicamente y cumplí con un curso de pilotaje. Recuerdo que el 1 de enero de 1948 hice mi primer vuelo de práctica. Algunos años después hice el curso de pilotaje de avión. También cumplí un curso de capacitación en el Club Albatros, que estaba en Merlo, y en 1955 me convertí en Instructor. Como piloto comercial trabajé aproximadamente durante 30 años en el ámbito del Aeroclub local realizando rociados aéreos en toda la zona, así es que fue muy reconfortante poder seguir volando, y así alternaba cada año con mis ocupaciones habituales en las artes gráficas.
Recuerdo claramente que en el galpón que forma parte del edificio donde estuvo Confitería ‘Ideal’ (Sarmiento y Lavalle) y después la Agencia Ford, bajo la dirección del señor Francisco Fernández (carpintero de la Dirección General de Aeronáutica) se construyó el ‘Meise’, planeador de madera que fue muy útil y apreciado. Todos los pilotos nos sentíamos felices de volar en él. Después el taller del club se trasladó al salón que estaba en Maipú y Juan Eliçagaray (donde actualmente está la sede de Telefónica de Argentina). Allí se armó el ‘Tootor’ y se construyó el ‘Ala Volante’. El ‘Tootor’ es un planeador biplaza que se utilizó en el Otto Ballod para realizar los cursos de pilotaje. Todas sus partes fueron compradas en Europa y traídas en barco, aquí se armó y se puso en vuelo. En mi carácter de Instructor lo usé mucho y puedo decirte que más de treinta de mis alumnos experimentaron con el ‘Tootor’, que después se vendió y está en Punta Alta. Según me han dicho todavía vuela.
El carpintero oficial Francisco Fernández siguió con el ‘Ala Volante’ en medio de creciente expectativa. Eramos varios los pilotos que nos reuníamos cada noche y cada fin de semana, para ayudar de alguna manera: por ahí alguno lijaba, otro alcanzaba herramientas, otro ayudaba a mover partes y también nos alternábamos para cebar mates. Para la supervisación final vinieron el Dr. Reimar Horten (autor del proyecto) y Heinz Scheidahuer (piloto de pruebas) procedentes de la fábrica estatal de aviones que había en Córdoba”.
- ¿Qué podés contarnos sobre Horten y Scheidahuer?
- “Ambos eran alemanes, hombres de pocas palabras, rápidos en sus decisiones. Sabíamos muy poco sobre la historia de Horten y su teoría sobre las aeronaves que diseñaba sin cola, tanto en su país como en Estados Unidos y en la Argentina. En Córdoba construyó un modelo al que dotó de cuatro motores, pero al poco tiempo fue desmantelado pues no tenía aplicación práctica, además necesitaba mucho espacio y atención. Horten estuvo aquí poco más de un día y recuerdo que alcanzamos a estrechar su mano cuando fue presentado a la gente del Otto, revisó, hizo algunas observaciones y después se retiró al hotel hasta el momento de su partida.
De Scheidahuer te puedo decir que tampoco habló mucho y nada dijo sobre un grave accidente que había protagonizado pocos días antes sobre el río de la Plata, y nosotros nos enteramos por las crónicas periodísticas. Resulta que volaba en avión Fiat desde Córdoba a Buenos Aires, acompañado por un mecánico. Estando ya muy cerca del Aeroparque el motor se plantó y el avión cayó al río. Scheidahuer fue salvado pero el mecánico murió. Reitero que sobre este episodio nada dijo en absoluto. Era así el alemán, muy reservado. Después vino a presenciar algunos campeonato nacionales.
El ‘Ala Volante’ es planeador de manejo muy fácil, muy atrayente por su forma y por la elegancia de sus desplazamientos. Volé mucho y concurrí con esa aeronave que ahora se está restaurando a varios festivales aéreos: Coronel Pringles, Laprida, Lobería, Necochea, Bahía Blanca y otros centros, y en todos causó sensación. Siempre fue remolcado por aviones, y para ese operativo teníamos un Fleet y ya estaba el Stearmann. El ‘Ala Volante’ es un planeador que no tiene rendimiento, por lo que no se usó para competencias. En esa época todavía estaban los ‘Baby’ (con parecido handicap) y el ‘Meise’ que era claramente superior. Cuando el club adquirió planeadores más modernos los lapsos de descanso fueron cada vez más largos para el ‘Ala Volante’, pero ahora que se está restaurando y muy pronto se pondrá en vuelo puedo decirte que es un hecho auspicioso, sobre todo en los aspectos histórico y cultural”.