(Adolfo Gonzales Chaves, sábado 8 de diciembre 2007) - En su propio domicilio de avenida Presidente Perón (entre Moreno y Brown) conversamos cordialmente con Diego Alfonso Roldán, mientras su esposa y colaboradora inmediata – Claudia Analía Sariago, cordobesa - sigue en sus quehaceres hogareños.
- “Hace pocos meses nos radicamos aquí, es un barrio lindo y tranquilo, abierto, cercano al centro y con salida rápida hacia el aeroclub ‘Gonzales Chaves’ y el club de planeadores ‘Otto Ballod’. Estamos complacidos de estar en Gonzales Chaves, sobre todo por la cordialidad de su gente que ayuda a no sentirnos forasteros...” – explica a modo de introducción.
Diego Alfonso nació en Necochea, donde cumplió sus etapas de primaria y nivel medio. Después estudió en la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca). A los 17 años recibió su licencia de piloto civil, y a los 20 cumplió con la conscripción obligatoria en la Base Aérea de Mar del Plata, precisamente por ser ya piloto, así es que desde muy joven fue moldeando su afición a la aeronavegación.
- “Desde chico armaba avioncitos de papel, buscando la forma de que se mantuviesen más tiempo en el aire. Me incliné por el uso de herramientas para desarmar y armar mis juguetes. Mis padres me regalaban ‘mecanos’, compuestos de muchas piezas con las que podía armar las estructuras más diversas, desarrollando mi habilidad manual. También el aeromodelismo fue una de mis pasiones lúdicas, que alternaba con mis prácticas de piloto, inclusive en España donde viví algunos años dedicado a la actividad comercial. A mi regreso a Necochea pude vender una lancha y comprar un avión chico (un aercoupé), que fue como un sueño satisfecho. En avión propio pude cumplir las 200 horas de vuelo que demandaba el curso de piloto comercial”.
- ¿Cuándo viniste por primera vez a Gonzales Chaves?
- “Creo que fue en 1984, porque recuerdo que ya se había realizado el ‘pre-mundial’ del 82. Venía con mi avioncito para realizar prácticas, y así logré mis primeras amistades en el aeroclub local. Mi primer acercamiento con planeadores había sido en Punta Alta y después en España, donde pude acompañar a pilotos en algún biplaza. En el 2002 viajé a Inglaterra escapando al desbarajuste económico que se había producido en nuestro país, y allá permanecí algún tiempo. Cuando regresé a Necochea me encontré con que en el aeroclub ya no se volaba, solamente se practicaba aeromodelismo y los aeromodelistas habían copado la institución. Los pilotos de aviones se habían retirado, y los jóvenes no tenían acceso a la actividad por motivos de costo. Entonces creció en mí la decisión de cambiar las cosas, de reactivar el aeroclub e incorporar planeadores. Reunimos a los ex pilotos que aún sin volar tenían carácter de socios vitalicios; en asamblea general presentamos lista y pudimos iniciar una nueva etapa. La compra del Blanik que había pertenecido al ‘Otto Ballod’ señaló el comienzo del vuelo sin motor en mi ciudad. Es enorme el entusiasmo por el retorno de los pilotos de aviones, la nueva experiencia con planeadores y la función didáctica de la escuela de pilotaje. Durante el 2006 viajé desde Necochea a Gonzales Chaves cada fin de semana, y cumplí con el curso de piloto de planeador, con Mario Reynoso como instructor”.
- ¿Cuándo decidiste venir a trabajar al aeroclub local?
- “Fue durante el Campeonato Nacional de Vuelo a Vela realizado en enero de este año en Tres Arroyos. Charlamos con Godo Barducci y Gustavo Vázquez, entre otros amigos, y convenimos en que yo concurriese a Gonzales Chaves en carácter de instructor de aviones cada fin de semana, mientras que de lunes a viernes cumplía con idéntica tarea en Necochea. Pero la inscripción de alumnos es mayor aquí, por lo que creció en mí la idea de radicarme en Gonzales Chaves. En el año anterior conocí el Ala Volante ‘Roberto Vilches’ que se guarda desde hace varios años en uno de los hangares del ‘Otto Ballod’. Cuando estuve en Inglaterra estudié mucho lo realizado por los hermanos Horten y sobre otras experiencias logradas en Alemania con aparatos de post-guerra, inclusive las aeronaves realizadas por los alemanes en la Argentina. Conversamos sobre el tema con los dirigentes y pilotos del ‘Otto Ballod’, comentamos sobre el alto valor histórico de este aparato y posibilidades de su restauración total. Comenzaron las tareas con el concurso de un carpintero de Tandil, pero se avanzaba muy lentamente. Así fue que conversaron nuevamente conmigo para formalizar un compromiso mediante presupuesto para la restauración. Me interesó el trabajo, sobre todo por tratarse de una aeronave histórica. Como ya estaba trabajando en el ámbito del aeroclub y cumplía horas de vuelo en planeador, en setiembre de este año convenimos en las condiciones propuestas y decidimos con mi esposa radicarnos en Gonzales Chaves.
Comenzamos a trabajar a buen ritmo y Claudia me ayudó mucho. Pensamos que tal vez podamos presentarla a la consideración pública durante el Campeonato Nacional y Sudamericano, en enero próximo. Entre mi proyectos está el cumplimiento de las horas de vuelo necesarias para ser instructor de pilotos en planeadores, y asistir en mayo 2008 a un curso especial como piloto en Mar del Plata, que demandará tres o cuatro meses. También estoy construyendo un superliviano y un acrobático, y he relegado esa tarea ante la importancia que para mí tiene la restauración del Ala Volante H1b “Roberto Vilches”.
- “Hace pocos meses nos radicamos aquí, es un barrio lindo y tranquilo, abierto, cercano al centro y con salida rápida hacia el aeroclub ‘Gonzales Chaves’ y el club de planeadores ‘Otto Ballod’. Estamos complacidos de estar en Gonzales Chaves, sobre todo por la cordialidad de su gente que ayuda a no sentirnos forasteros...” – explica a modo de introducción.
Diego Alfonso nació en Necochea, donde cumplió sus etapas de primaria y nivel medio. Después estudió en la Universidad Nacional del Sur (Bahía Blanca). A los 17 años recibió su licencia de piloto civil, y a los 20 cumplió con la conscripción obligatoria en la Base Aérea de Mar del Plata, precisamente por ser ya piloto, así es que desde muy joven fue moldeando su afición a la aeronavegación.
- “Desde chico armaba avioncitos de papel, buscando la forma de que se mantuviesen más tiempo en el aire. Me incliné por el uso de herramientas para desarmar y armar mis juguetes. Mis padres me regalaban ‘mecanos’, compuestos de muchas piezas con las que podía armar las estructuras más diversas, desarrollando mi habilidad manual. También el aeromodelismo fue una de mis pasiones lúdicas, que alternaba con mis prácticas de piloto, inclusive en España donde viví algunos años dedicado a la actividad comercial. A mi regreso a Necochea pude vender una lancha y comprar un avión chico (un aercoupé), que fue como un sueño satisfecho. En avión propio pude cumplir las 200 horas de vuelo que demandaba el curso de piloto comercial”.
- ¿Cuándo viniste por primera vez a Gonzales Chaves?
- “Creo que fue en 1984, porque recuerdo que ya se había realizado el ‘pre-mundial’ del 82. Venía con mi avioncito para realizar prácticas, y así logré mis primeras amistades en el aeroclub local. Mi primer acercamiento con planeadores había sido en Punta Alta y después en España, donde pude acompañar a pilotos en algún biplaza. En el 2002 viajé a Inglaterra escapando al desbarajuste económico que se había producido en nuestro país, y allá permanecí algún tiempo. Cuando regresé a Necochea me encontré con que en el aeroclub ya no se volaba, solamente se practicaba aeromodelismo y los aeromodelistas habían copado la institución. Los pilotos de aviones se habían retirado, y los jóvenes no tenían acceso a la actividad por motivos de costo. Entonces creció en mí la decisión de cambiar las cosas, de reactivar el aeroclub e incorporar planeadores. Reunimos a los ex pilotos que aún sin volar tenían carácter de socios vitalicios; en asamblea general presentamos lista y pudimos iniciar una nueva etapa. La compra del Blanik que había pertenecido al ‘Otto Ballod’ señaló el comienzo del vuelo sin motor en mi ciudad. Es enorme el entusiasmo por el retorno de los pilotos de aviones, la nueva experiencia con planeadores y la función didáctica de la escuela de pilotaje. Durante el 2006 viajé desde Necochea a Gonzales Chaves cada fin de semana, y cumplí con el curso de piloto de planeador, con Mario Reynoso como instructor”.
- ¿Cuándo decidiste venir a trabajar al aeroclub local?
- “Fue durante el Campeonato Nacional de Vuelo a Vela realizado en enero de este año en Tres Arroyos. Charlamos con Godo Barducci y Gustavo Vázquez, entre otros amigos, y convenimos en que yo concurriese a Gonzales Chaves en carácter de instructor de aviones cada fin de semana, mientras que de lunes a viernes cumplía con idéntica tarea en Necochea. Pero la inscripción de alumnos es mayor aquí, por lo que creció en mí la idea de radicarme en Gonzales Chaves. En el año anterior conocí el Ala Volante ‘Roberto Vilches’ que se guarda desde hace varios años en uno de los hangares del ‘Otto Ballod’. Cuando estuve en Inglaterra estudié mucho lo realizado por los hermanos Horten y sobre otras experiencias logradas en Alemania con aparatos de post-guerra, inclusive las aeronaves realizadas por los alemanes en la Argentina. Conversamos sobre el tema con los dirigentes y pilotos del ‘Otto Ballod’, comentamos sobre el alto valor histórico de este aparato y posibilidades de su restauración total. Comenzaron las tareas con el concurso de un carpintero de Tandil, pero se avanzaba muy lentamente. Así fue que conversaron nuevamente conmigo para formalizar un compromiso mediante presupuesto para la restauración. Me interesó el trabajo, sobre todo por tratarse de una aeronave histórica. Como ya estaba trabajando en el ámbito del aeroclub y cumplía horas de vuelo en planeador, en setiembre de este año convenimos en las condiciones propuestas y decidimos con mi esposa radicarnos en Gonzales Chaves.
Comenzamos a trabajar a buen ritmo y Claudia me ayudó mucho. Pensamos que tal vez podamos presentarla a la consideración pública durante el Campeonato Nacional y Sudamericano, en enero próximo. Entre mi proyectos está el cumplimiento de las horas de vuelo necesarias para ser instructor de pilotos en planeadores, y asistir en mayo 2008 a un curso especial como piloto en Mar del Plata, que demandará tres o cuatro meses. También estoy construyendo un superliviano y un acrobático, y he relegado esa tarea ante la importancia que para mí tiene la restauración del Ala Volante H1b “Roberto Vilches”.