RECUERDA DON JORGE RAUL ARAMBILLET
Diciembre 2007 - Don Jorge Raúl Arambillet, ex vecino chavense radicado desde hace muchos años en Mar del Plata, respondió amablemente a una carta que le remití el 18 de octubre de 2007. Esa carta-respuesta fue fechada el 24 de noviembre, y extrayendo los párrafos de importancia esencial logramos la siguiente síntesis:
“Mi vinculación con el club ‘Otto Ballod’ comenzó cuando yo concurría a los talleres que estuvieron instalados en Sarmiento y Lavalle (después Agencia Ford) y en Juan Eliçagaray y Maipú (donde actualmente está el edificio de Telefónica Argentina). Iba diariamente como simple espectador, en busca de conocimientos de todo tipo para consolidar mi experiencia, consecuencia de la curiosidad que me acompañó toda la vida. Siempre estaba allí el entrañable amigo Leonardo Daniel (Dany) Dekker, encabezando los grupos de amigos que construían distintos tipos de planeadores, tendiendo siempre a superar técnicas para adaptarse a la actividad social y a la evolución técnica que él sabía que se estaba produciendo en otros países.
Pude así apreciar el avance de los trabajos, desde la construcción de las cuadernas y costillas hasta el montaje, incluyendo a los Grunau Baby, y especialmente al Meise Olimpia, que tengo entendido fue el planeador que estaba destinado a ser mostrado en las Olimpíadas proyectadas en Inglaterra, pero que fueron frustradas ante la iniciación de la Segunda Guerra Mundial.
La construcción de los ‘Primarios’ fue anterior a mis años de participación, pero cuando comencé a frecuentar tuve oportunidad de realizar un carreteo con Primario, remolcado por un viejo Buick que conducía Ismael Gómez, gran amigo y ‘tío adoptivo’. Fue mi única experiencia en conducción en tierra, época en la que ya se dejaba el campo de don Fernando Carricart y se hacían los vuelos desde la apertura de traza de la Ruta 3.
Sobre la construcción de los planeadores Primario conocía la historia de labios de Dany: él y su hermano Juan trabajaban en el taller de su padre don José Krin Dekker, calle Moreno entre Sarmiento y Maipú. Prácticamente lo hacían en horas de la noche o de la madrugada y a escondidas del papá, quien en cierto momento los desalojó. Esta circunstancia los obligó a seguir trabajando en un galpón ubicado en la manzana de enfrente, que también servía de vestuario de la cancha de futbol en los inicios del Club Huracán.
Superada la era de los ‘Primarios’ comenzó la de los Grunau Baby, para culminar con la construcción del Meise Olimpia en el taller de Sarmiento y Maipú. Seguí el proceso del principio al fin, y digo fin para referirme al fileteado a ambos lados del planeador, realizado por el letrista y pintor Atilio Renzi. Me parece verlo con sus pinceles, a mano alzada, llegaba a la trompa y con su dedo índice que hacía de apoyo a su mano movida como compás, y efectuando un giro completo resultaba un semicírculo perfecto, que no necesitaba retoque alguno.
Los Grunau eran imponentes comparados con los planeadores ‘Primario’. Con timones de profundidad y de dirección íntegramente terminados, como sus alas. Para graficar mejor diría que solamente les faltaba el motor para ser aviones. Los primeros tenían cabina a cielo abierto, de modo que el piloto volaba con su cabeza al aire libre. Ya los Grunau Baby II tenían cabina cerrada, con techo desmontable para posibilitar ascenso y descenso del piloto.
Su construcción demandaba: 1º) la paciente preparación de cuadernas y costillas, 2º) el montaje total de las mismas, coincidiendo con el armado de la unidad, y 3º) la envoltura con telas que se sometían a tratamiento con un líquido especial que las estiraba y endurecía totalmente.
Los remolques se realizaban mediante automóvil empleando un cable metálico. Cuando el piloto lo desprendía ese cable caía en el campo (que no siempre estaba libre de malezas) y era difícil encontrarlo. Dany Dekker encontró la solución, colocando una breve extensión suplementaria, con un pequeño paracaídas que mediante mecanismo especial se abría al caer, y así desde tierra se lo podía observar a distancia y recuperar el cable con mayor facilidad.. Este sistema ‘made in Chaves’ fue adoptado por el Club Albatros, similar a nuestro club en la consideración del país.
Después nació el Meise, que fue mostrado en la Exposición Nacional de Aeronáutica realizada en Buenos Aires en 1948. Sus planos de sustentación son dos y no de una sola ala. Están unidos por un herraje central que la Fábrica Militar de Aviones no se atrevió a hacerlo o no quiso. Un allegado a nuestro club, el señor Lino Solfa (quien tenía su taller metalúrgico y mecánico en la esquina donde comienza la calle Lavalle, frente al molinete del predio ferroviario) se ofreció a construirlo, lo que hizo a la perfección y con absoluta convicción de su capacidad plena para ello. Esa realización fue más importante aún por tratarse de una pieza clave en la estructura del flamante planeador.
Finalmente se construyó el ‘Ala Volante’, pero nada puedo agregar porque en realidad no pude concurrir al taller mientras se avanzaba en la tarea, pero después lo he visto y lo he admirado tanto en tierra como en vuelo. Fue un regalo de inimaginable belleza para todos los que supieron apreciar. Tengo entendido que en aquella época tanto el Meise como el ala Volante eran únicos en Sudamérica, y si esto es cierto y oficialmente reconocido significa un gran honor para el club y la comunidad de Adolfo Gonzales Chaves.
Siguiendo esos ejemplos las nuevas generaciones de pilotos – con mejores planeadores y mayores conocimientos – han trascendido las fronteras llevando al club de planeadores Otto Ballod a ser motivo de orgullo social y deportivo.
Dany Dekker fue y será por siempre el padre del vuelo sin motor en nuestro medio y en el país, y está reconocido como uno de los pioneros del Volovelismo Mundial. Por todo esto y por lo mucho que significó mi amistad y mi admiración a este gran hombre, vaya este humilde homenaje a su memoria. Una vez más, a todos ustedes ¡Muchas gracias!”.